Ay, los fantasmas… ¡ay, los fantasmas! Qué miedo nos entra cuando aparecen los fantasmas del pasado. Cuando todo parece estar bajo control y solo falta certificar un resultado, es inevitable que vuelvan esos recuerdos que hacen temblar las piernas. Sin embargo, por suerte, esta vez todo apunta a que ese pasado tendrá poco que ver con el presente y con el futuro más inmediato.
Lo del Real Mallorca en El Sadar el otro día fue tremendo. Y lo digo en clave positiva, a pesar de que el partido terminó con un empate que, por la manera en que se produjo, acabó sabiendo más a derrota que a victoria. Pero eso, precisamente, me parece una grandísima noticia.
Porque, tal y como esperábamos, el Mallorca de Martín Demichelis poco o nada tiene que ver con el de Jagoba Arrasate. En Pamplona vimos a un equipo completamente distinto a lo que nos venía acostumbrando esta temporada. Vimos a un Mallorca mucho más propositivo desde el inicio. Un equipo que tenía el balón, que quería tenerlo y, lo más importante, que sabía qué hacer con él. Las combinaciones constantes entre las bandas y el centro del campo fueron sublimes, ofreciendo una imagen prácticamente desconocida en este equipo y generando mucho peligro. Atrás, además, el equipo se mostró muy sólido… al menos hasta el minuto 90.
Durante casi todo el partido se notó la mano de un mítico central como Martín Demichelis. El equipo realizó repliegues muy rápidos y mostró ayudas constantes entre laterales y centrales para neutralizar el peligro de un Osasuna que cuenta con auténticos cañones como Víctor Muñoz y Ante Budimir. Poco más se le puede pedir al nuevo jefe del banquillo en su debut, especialmente en un campo tan complicado como El Sadar.
Ahora bien, y lo digo sin ningún tipo de tapujos: lo de la expulsión de Jan Virgili no es para que Hernández Hernández se vaya a la “nevera” una semana o dos. Es para que no vuelva a arbitrar en Primera División esta temporada.
La roja que le mostró al futbolista catalán es una auténtica vergüenza. Resulta incomprensible cómo se puede sacar, además de forma tan contundente y tajante, una roja directa de ese calibre que puede cambiar por completo el rumbo de un partido.
Lo que vivieron el otro día tanto el Mallorca como Jan Virgili es, sencillamente, inaceptable. Espero sinceramente que el club recurra una sanción que nunca debió existir y que, probablemente, termine corrigiendo incluso el propio CTA en alguno de sus habituales vídeos explicativos.Porque, de verdad, lo del otro día fue tremendo.





