Hay una pregunta que me hago cada vez que Nintendo presenta una nueva consola. No es cuánta potencia tendrá ni cuántos fotogramas por segundo será capaz de mover. Tampoco me pregunto si tendrá mejores gráficos que la competencia. La cuestión es mucho más sencilla: ¿qué se les ha ocurrido esta vez?
Porque si algo ha diferenciado a Nintendo del resto de la industria es precisamente eso. Mientras muchos fabricantes han competido por construir máquinas más rápidas, la compañía japonesa ha dedicado gran parte de su historia a perseguir una idea distinta: conseguir que jugar vuelva a sentirse nuevo.
Lo más sorprendente es que esta historia ni siquiera comienza con videojuegos. Cuando Nintendo fue fundada en 1889, todavía faltaban décadas para la aparición de la televisión, los ordenadores personales e incluso los automóviles modernos tal y como los conocemos. La empresa fabricaba cartas tradicionales japonesas llamadas hanafuda. Cada vez que leo ese dato me resulta inevitable imaginar la cara de sus fundadores si alguien les hubiera contado que un siglo después millones de personas recorrerían Hyrule, capturarían Pokémon o competirían en Mario Kart gracias a aquella pequeña compañía de Kioto. Suena imposible. Y precisamente por eso resulta tan fascinante.
Las cifras ayudan a entender la magnitud de lo que ha conseguido Nintendo. Entre consolas domésticas y portátiles, la compañía ha superado los 900 millones de sistemas vendidos en todo el mundo. Sus videojuegos acumulan miles de millones de copias distribuidas y algunas de sus sagas forman parte de la cultura popular global. Mario, Zelda, Pokémon, Animal Crossing, Donkey Kong o Metroid han trascendido el propio videojuego para convertirse en iconos reconocibles incluso para quienes jamás han tocado un mando.
Pero detrás de esos números hay algo mucho más interesante que las ventas.
Hay ideas.
Y hay personas.
La historia de Nintendo está llena de pequeñas casualidades que terminaron cambiando el rumbo de la industria. Mario, por ejemplo, estuvo a punto de no existir tal y como lo conocemos. En su primera aparición era simplemente Jumpman, un carpintero que saltaba barriles en una recreativa llamada Donkey Kong. El famoso bigote nació por una limitación técnica: los gráficos de la época apenas permitían dibujar rasgos faciales y añadir un bigote ayudaba a distinguir la cara del personaje. Décadas después, aquel recurso improvisado acabaría convirtiéndose en una de las imágenes más reconocibles del planeta.
Algo parecido ocurrió con Game Boy. Cuando Gunpei Yokoi propuso crear una consola portátil utilizando tecnología sencilla y de bajo consumo, muchos pensaban que Nintendo estaba apostando por un producto técnicamente inferior. Yokoi defendía una filosofía que sigue definiendo a la compañía: utilizar tecnología madura de formas inesperadas. La apuesta parecía arriesgada. El resultado fueron más de 118 millones de unidades vendidas y el nacimiento de una nueva forma de entender el juego portátil.
Esa manera de pensar explica buena parte de los éxitos de Nintendo. Mientras la industria debatía sobre procesadores, memoria y resolución, la compañía se preguntaba cómo podía sorprender a los jugadores. Así nació Nintendo DS con sus dos pantallas. Así apareció Wii cuando el mercado estaba obsesionado con la alta definición. Y así llegó Nintendo Switch, una consola híbrida que muchos analistas consideraban una idea demasiado extraña para triunfar.
Nintendo DS superó los 154 millones de unidades vendidas y se convirtió en una de las consolas más exitosas de todos los tiempos. Wii rebasó los 100 millones demostrando que jugar podía ser algo mucho más amplio que sentarse frente a una pantalla con un mando tradicional. Y Switch ha logrado superar los 150 millones de unidades, entrando directamente en el grupo de sistemas más vendidos de la historia.
Lo curioso es que muchas de estas consolas nacieron rodeadas de escepticismo. Había expertos convencidos de que las dos pantallas de Nintendo DS no tenían sentido. Otros aseguraban que Wii no podría competir contra PlayStation 3 o Xbox 360. Incluso después del fracaso comercial de Wii U hubo quien pronosticó la salida definitiva de Nintendo del negocio del hardware.
Nintendo respondió como suele hacerlo.
Creando algo que nadie esperaba.
Wii U merece además una mención especial porque es uno de los ejemplos más curiosos de la historia reciente del sector. Fue un fracaso comercial con apenas 13 millones de unidades vendidas, pero muchas de sus ideas terminaron evolucionando hasta convertirse en la base conceptual de Switch. Es una de esas ironías que tanto gustan en el mundo del videojuego: uno de los mayores tropiezos de Nintendo acabó dando forma a uno de sus mayores éxitos.
Sin embargo, ninguna empresa consigue mantenerse relevante durante más de un siglo únicamente gracias a buenas ideas. También necesita personas capaces de defenderlas.
Y aquí aparece una figura fundamental: Satoru Iwata.
Pocas historias explican mejor la cultura de Nintendo que la del expresidente de la compañía. Tras los malos resultados de Wii U, cuando muchas empresas habrían optado por despidos para mejorar las cuentas, Iwata decidió reducir su propio salario. Su razonamiento fue tan sencillo como brillante: si los trabajadores viven preocupados por conservar su empleo, dejan de asumir riesgos y dejan de crear nuevas ideas. En una industria donde la innovación es el recurso más valioso, aquella decisión definió perfectamente la forma en la que Nintendo entiende su negocio.
Esa visión también se refleja en sus juegos. Mario Kart 8 Deluxe supera los 70 millones de copias vendidas. Animal Crossing: New Horizons se convirtió en un fenómeno social que ayudó a millones de personas a mantenerse conectadas en momentos especialmente difíciles. The Legend of Zelda: Breath of the Wild cambió la forma en la que muchos estudios entienden los mundos abiertos. Pokémon continúa siendo una de las franquicias de entretenimiento más rentables del planeta. Son éxitos comerciales, sí, pero también ejemplos de cómo Nintendo ha conseguido conectar con públicos muy distintos sin perder su identidad.
Quizá ese sea el verdadero secreto de la compañía. Nintendo nunca ha intentado parecerse a nadie. Mientras el resto de la industria suele mirar a la competencia para decidir su próximo movimiento, ellos parecen hacerse una pregunta mucho más sencilla: ¿qué podemos hacer que resulte divertido?
Puede parecer una filosofía ingenua. Viendo los resultados, probablemente sea una de las más inteligentes que existen.
Ahora, con Switch 2 iniciando una nueva etapa, la conversación vuelve a repetirse. Llegan las comparaciones técnicas, los análisis de rendimiento y las previsiones de ventas. Todo eso es importante. Pero si la historia de Nintendo nos ha enseñado algo es que rara vez gana cuando juega a las reglas de los demás.
Gana cuando inventa las suyas.
Y viendo lo que ha ocurrido en las últimas cuatro décadas, resulta bastante arriesgado pensar que ya hemos visto su última sorpresa.





