Hay imágenes que valen más que cualquier informe financiero. Más que cualquier estudio de mercado. Más que cualquier conferencia para inversores. La fotografía que lleva días circulando por redes sociales, llena de portadas imposibles, resume mejor que nadie la situación que vive la industria del videojuego. Basta detenerse unos segundos para entender lo que está ocurriendo. GTA VI, Marvel's Wolverine, Resident Evil Code Veronica, Kingdom Hearts IV, Persona 4 Revival, Halo Combat Evolved Remake, Tomb Raider, Gears E-Day, Fire Emblem, Metro 2039, Xenoblade Chronicles, Silent Hill Townfall, Phantom Blade Zero, TMNT The Last Ronin o Onimusha comparten espacio en una misma imagen. Hace apenas una década, cualquiera de ellos habría sido el rey absoluto de una temporada. Hoy parecen pasajeros de un tren tan abarrotado que algunos ni siquiera encontrarán asiento.
Lo más curioso es que llevamos años escuchando que la industria atraviesa una crisis creativa. Que todo son remakes. Que faltan ideas. Que nadie arriesga. Y sin embargo aquí estamos, mirando probablemente uno de los calendarios más espectaculares que hemos visto en décadas. La paradoja es maravillosa. Después de tanto tiempo pidiendo grandes videojuegos, la industria ha decidido lanzarlos todos a la vez.
Y aquí es donde aparece el verdadero problema. No estamos ante una crisis de calidad. Estamos ante una crisis de tiempo.
Porque seamos sinceros. ¿Quién tiene vida suficiente para jugar todo esto?
Pensemos un momento en GTA VI. Rockstar lleva más de una década preparando el regreso a Vice City. Hay jugadores que terminaron el instituto cuando salió GTA V y hoy tienen hijos. Cuando GTA VI llegue no será simplemente un videojuego. Será un acontecimiento cultural. Habrá personas que pedirán vacaciones. Creadores de contenido que vivirán exclusivamente de él durante meses. Comunidades enteras que desaparecerán temporalmente del resto de videojuegos para mudarse a sus calles digitales. Y eso plantea una pregunta incómoda. ¿Qué ocurre con los demás lanzamientos cuando un fenómeno de esa magnitud aterriza en el mercado?
Porque el problema de Marvel's Wolverine no será convertirse en un mal videojuego. Todo apunta a lo contrario. Insomniac ha demostrado una y otra vez que entiende cómo construir superproducciones de calidad. Pero incluso Lobezno tendría dificultades para competir contra un huracán mediático como GTA VI. No porque sea peor. Simplemente porque el tiempo de los jugadores es limitado.
Algo parecido ocurre con Kingdom Hearts IV. La mera existencia de este juego es casi una leyenda urbana dentro de la industria. Hay aficionados que llevan tantos años esperando que algunos ya han olvidado partes de la trama anterior, algo perfectamente comprensible teniendo en cuenta que ni siquiera Tetsuya Nomura parece recordar siempre cómo funciona su propio universo narrativo. Cuando aparezca, millones de jugadores querrán regresar a él. Pero también tendrán delante Final Fantasy, GTA, Resident Evil y media docena de gigantes más peleando por exactamente las mismas horas de ocio.
La situación resulta todavía más fascinante con Resident Evil Code Veronica. Durante años la comunidad pidió a Capcom que rescatara esta entrega. Los jugadores insistieron una y otra vez. Cada evento importante terminaba con la misma pregunta. ¿Dónde está Code Veronica? Ahora que finalmente parece estar de vuelta, corre el riesgo de encontrarse compitiendo contra algunos de los lanzamientos más fuertes de toda la generación. Es una ironía que solo puede ocurrir en esta industria.
Y luego está Persona 4 Revival, que probablemente representa uno de los casos más extremos de esta nueva realidad. Los JRPG modernos ya no son juegos de treinta horas. Son compromisos emocionales de cien o ciento cincuenta horas. Cuando eliges empezar uno, prácticamente estás firmando una relación a largo plazo. Lo maravilloso de Persona es precisamente esa capacidad para absorberte por completo. Lo terrible es que mientras estás viviendo una segunda adolescencia virtual, otros cinco candidatos al Juego del Año pueden estar saliendo al mercado.
Algo parecido sucede con Xenoblade Chronicles. Los veteranos de la saga conocen perfectamente la broma. Uno no juega a Xenoblade. Uno desaparece dentro de Xenoblade durante dos meses y vuelve cuando termina la aventura. El problema es que el calendario actual parece diseñado por alguien convencido de que los jugadores no necesitan dormir.
Incluso los regresos históricos están atrapados en esta guerra silenciosa. Halo Combat Evolved Remake no es simplemente otro lanzamiento. Es una parte fundamental de la historia moderna del videojuego. Para toda una generación representa las tardes infinitas de multijugador, los primeros pasos del juego online en consola y el nacimiento de una de las franquicias más importantes de Xbox. Sin embargo, incluso una leyenda de ese tamaño deberá encontrar su espacio en un mercado saturado de nostalgia.
La misma situación vive Tomb Raider. Lara Croft lleva casi treinta años sobreviviendo a cambios tecnológicos, generaciones de consolas y transformaciones del mercado. Ha sido pionera, icono cultural y protagonista de algunas de las aventuras más importantes del sector. Pero por primera vez en mucho tiempo tendrá que competir en un escenario donde prácticamente todos los participantes son leyendas.
No estamos asistiendo a una guerra entre videojuegos buenos y malos. Estamos asistiendo a una guerra entre videojuegos excelentes.
Muchos estudios llevan años soñando con crear la obra de su vida. Algunos lo han conseguido. El problema es que decenas de desarrolladores parecen haber tenido la misma idea al mismo tiempo.
Por eso creo que durante los próximos dieciocho meses veremos algo que puede parecer profundamente injusto. Vamos a ver títulos extraordinarios vender menos de lo esperado. Vamos a ver proyectos brillantes desaparecer de la conversación demasiado rápido. Vamos a escuchar hablar de fracasos comerciales que, en realidad, no serán fracasos creativos. Simplemente llegaron cuando no debían.
Porque al final el enemigo de muchos de estos videojuegos no será otro estudio. No será una crítica negativa. No será un error técnico.
Será nuestra agenda...
Será nuestro bolsillo...
Será nuestra capacidad para dedicar cien horas a una aventura mientras otras cinco obras maestras llaman a la puerta...
Y mientras todos discutimos cuál será el Juego del Año, sospecho que la pregunta realmente importante es otra muy distinta.
¿Cuál de todos estos videojuegos conseguirá sobrevivir al mayor rival que existe actualmente en la industria?
El tiempo libre de los jugadores.





